domingo, 16 de septiembre de 2018

La primera vez que pensé en la muerte fue en 1995, estaba en la cama de un hospital, dormitaba y sentía tanto dolor, intentaban curarlo, pero yo sabía que era un dolor "del alma", de ése que jamás se iría, de ése que ya no tiene cura. Entonces ya deseaba morir; tal vez mi cuerpo reaccionaba a ese pensamiento y es la razón de tanta enfermedad en aquella época.

Veo con incertidumbre y cierta envidia cómo mucha gente encuentra motivos para vivir, razones para continuar, también me parece patético, sin embargo hubo tantas veces en que un poema me ha salvado.
Ya van 2 años desde la última vez que lo intenté, siempre sin éxito, siempre fracasando.  Hace unos días llegó como ráfaga a mi mente el pensamiento de huir, no de una forma triste, más bien resignada, cansada y con la certeza de haberlo sentido todo. Anoté algunas cosas en las libretas..."las cosas por hacer", "las cosas tristes" y "el diario de las emociones", lo planee, lo escribí, hice un plan... pero antes de finalizar hubo un "no quiero irme sin él", "no quiero dejarlo", "no quiero..."
tal vez ya es muy tarde, tal vez... pero me detuve, creo que él se volvió en mi verso eterno, en el poema que me salvó esta ocasión.

Soy patética.

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