sábado, 20 de abril de 2019

El día que perdí mi suerte.

El gato de la suerte dejó de funcionar, su pata ya no no se movía. Martes muy temprano, una bofetada propinada por el calor de esta asquerosa primavera.
Me tuve que alejar de mi persona favorita, un día me dijo que siempre desconfiaría de mí, no lo culpo soy el caos, no me importó demasiado en realidad, aunque siempre es triste despedirse, sentía que él me daba la "buena suerte", pero ese martes supe que jamás la había tenido, así que dejé de creer en los gatos dorados, las patas de conejo y en que las personas nos dan "suerte".
Quiero vomitar y ahogarme.

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