sábado, 20 de abril de 2019

El día que perdí mi suerte.

El gato de la suerte dejó de funcionar, su pata ya no no se movía. Martes muy temprano, una bofetada propinada por el calor de esta asquerosa primavera.
Me tuve que alejar de mi persona favorita, un día me dijo que siempre desconfiaría de mí, no lo culpo soy el caos, no me importó demasiado en realidad, aunque siempre es triste despedirse, sentía que él me daba la "buena suerte", pero ese martes supe que jamás la había tenido, así que dejé de creer en los gatos dorados, las patas de conejo y en que las personas nos dan "suerte".
Quiero vomitar y ahogarme.

martes, 22 de enero de 2019

domingo, 16 de septiembre de 2018

La primera vez que pensé en la muerte fue en 1995, estaba en la cama de un hospital, dormitaba y sentía tanto dolor, intentaban curarlo, pero yo sabía que era un dolor "del alma", de ése que jamás se iría, de ése que ya no tiene cura. Entonces ya deseaba morir; tal vez mi cuerpo reaccionaba a ese pensamiento y es la razón de tanta enfermedad en aquella época.

Veo con incertidumbre y cierta envidia cómo mucha gente encuentra motivos para vivir, razones para continuar, también me parece patético, sin embargo hubo tantas veces en que un poema me ha salvado.
Ya van 2 años desde la última vez que lo intenté, siempre sin éxito, siempre fracasando.  Hace unos días llegó como ráfaga a mi mente el pensamiento de huir, no de una forma triste, más bien resignada, cansada y con la certeza de haberlo sentido todo. Anoté algunas cosas en las libretas..."las cosas por hacer", "las cosas tristes" y "el diario de las emociones", lo planee, lo escribí, hice un plan... pero antes de finalizar hubo un "no quiero irme sin él", "no quiero dejarlo", "no quiero..."
tal vez ya es muy tarde, tal vez... pero me detuve, creo que él se volvió en mi verso eterno, en el poema que me salvó esta ocasión.

Soy patética.

miércoles, 28 de febrero de 2018

La espera I y II


































Llevaba tiempo esperando esto, verte... olerte. Tenía que hacerlo así, de alguna otra forma no hubiera podido venir, creo que el amor es eso: sacrificio, siempre sacrificio... y mírame ahora, toda tuya, plenamente tuya. Ya no hay vuelta atrás, ya nadie puede hacer algo para que renuncie, ya no puedo hacerlo.


Tardé tanto, te juro que fue tanto que...

miércoles, 3 de enero de 2018









"¿Quién puede soñar, qué dios, cuando el infierno ha nacido de uno mismo? ". 




Hace tiempo un amigo me regaló su novela... en ella aparece El Viejo, aquella sombra monstruosa que nos consume poco a poco... después de leerla empecé a tener pesadillas con él, hasta que en el último sueño sentí lástima y cierta gracia, tal como si lo hubiera aceptado como parte de mí. 

Tuve que canalizar esa imagen en algo "físico", en algo tangible, para que pasara del sueño a lo real, ahora ya no podrá atormentarme.



Es el tiempo que nos consume, que pasa... son sus ojos que se clavan... sus colmillos de lágrimas que nos carcomen la carne, esa piel casi muerta y desgastada... es sólo el reflejo de uno mismo.



miércoles, 16 de agosto de 2017

..




A veces me da por pintar, aunque nunca estudié formalmente, en cambio me fui por las preciadas letras.
Empecé con este "gusto" desde joven, recuerdo que mis hermanos me regalaban pinceles o cuadernillos para jugar un rato. Durante mucho tiempo lo tomé como un simple pasatiempo, hasta hace dos años que supe realmente que esto "era lo mío", a pesar de no tener motivaciones o apoyo de mis cercanos, me esforcé por aprender técnicas, formas, etc...

Ahora es mi terapia, mi sustento y el motor para vivir.
Quizá nunca sea artista (propiamente llamado así), pero sé que en cada trazo doy lo mejor de mí, en cada obra voy dejando pedacitos de mi alma.
Cada pieza es parte de esa práctica, de mi pequeña formación.



Cada una de las cosas que dibujo hace menos miserable mi mundo.

domingo, 12 de marzo de 2017

0211

  Te voy recorriendo, dejo un camino de húmeda luz como recuerdo de mi existencia en ti. Soy mansa y vulnerable: el deseo me despoja de toda decisión, me somete ante la majestuosidad de tu cuerpo frente al mío, yo no existo sino para complacerte, amo.
Cuando tú, lúbrico y níveo, yo dispuesta y clara, creas caminitos rojos en mi ya desgarrada piel, el recordatorio del más puro amor no sentimental.
Soy una virgen que tiene que pagar sus pecados, los del mundo; no hay otra forma, pero en la penitencia disfruto, tú eres el verdugo, el cobrador... el más grande y santo, sólo tú podrías hacerme pagar.